¿Qué siente un escritor?

Siempre me pregunto qué sentirá un deportista al llegar a la meta, qué sentirá alguien al ser campeón del mundo. También, me pregunto cómo suenan los aplausos en el tímpano de un artista que llena estadios, o qué sentirá el cantautor que paraliza a los viandantes que se detienen a escucharlo; me gustaría sostener en mis retinas la mirada del público en pie aclamando el espectáculo, o ver la plaza de un pueblo llena en una noche de verano, en silencio, callados, esperando a que empiece el teatro. Me gustaría confesarle a Whoopi Goldberg que, cuando el miedo aprieta y necesito que las carcajadas sorprendan a mi estado de ánimo, veo sus películas. Me encantaría comer un día con Mari-Aude Murail y decirle cuánto la admiro. Mataría, pero no en sentido figurado, por que alguien me compusiera una canción.

Y esto que os cuento puede parecer absurdo, pero la admiración desde el otro lado, desde la perspectiva de quien la recibe, debe sentirse caótica, imparable, efervescente.

Es mi opinión, claro, pero, por mucho que quiera imaginarlo, creo que ni de lejos me acercaría a saber lo que realmente se siente. Por eso, hoy, voy a hablaros de mi experiencia como escritora. Eso sí, no soy J. K. Rowling ni Almudena Grandes. Os contaré lo que yo vivo y siento. Evidentemente, la gente no me para por las calles de Madrid ni firmo libros cada vez que me monto en el metro, pero sí quiero contaros cómo se recibe el cariño de aquellos que te apoyan.

En el año 2013, publiqué La vida es un cuento que escribo. Nunca imaginé, ni siquiera en mis mejores sueños, que iba a ser una experiencia tan gratificante. Me acuerdo de todos los comentarios positivos que recibí en esa época; no obstante, hay algunos casos demasiado especiales.

Primero, empezaré destacando la reacción de mis padres aquella noche de agosto en la presentación de mi libro en mi pueblo. Sus caras rebosaban emoción y orgullo, sus ojos brillaban incansables, perplejos, atónitos. Aquella niña, su niña, convertida ya en mujer, narraba, encima de un escenario, que su sueño acababa de cumplirse.

Y mis hermanas… Ay mis hermanas… Con ellas me pasa algo muy curioso. Con el primer libro, mi hermana mayor estaba embarazada de mi sobrino Jaime, apenas quedaba un mes para que naciera, y con el segundo libro, mi hermana Patricia estaba embarazada de su primer hijo, así que si alguien busca bebé que se acerque mucho a mí cuando vaya a publicar mi tercer libro… Bromas a parte, mis hermanas me miraban con admiración, viendo cómo la pequeña se hacía demasiado mayor.

Recuerdo, como si lo estuviera viendo ahora mismo, la cara de mis amigos, sonrientes, ilusionados y deseando abrazarme.

No sé si llamarlo especial, diferente, pero, cuando la gente que no te conoce de nada se acerca a ti, te da las gracias por escribir y te agarra la mano con fuerza, es, sin duda, la mejor recompensa que recibes. Los que no te conocen, aquellos que no tienen la obligación de decirte cosas bonitas y, sin embargo, lo hacen, es algo impagable. Es la forma en la que el esfuerzo, las horas muertas frente al ordenador, las noches en vela, el dolor, la rabia, el genio que uno va destruyendo con sus dedos en palabras, al final obtienen la mejor recompensa: los lectores. Da igual que esos lectores sean tus padres, tu pareja, tus amigos o un desconocido. Lo que verdaderamente importa es que te den las gracias por escribir.

Hace tiempo, escribí esto para mis lectores y ahora me quiero despedir reiterando todo lo que dije. Espero que os guste:
«Quizás, nunca lo pensaste, pero puede que, algún día, te cruzaras con un escritor por la calle, formaras parte de su inspiración y ahora estés dentro de un libro, retratado como un personaje. Quizás, el color de tus ojos le hiciera pensar en un cielo despejado, en una playa rocosa o, simplemente, se enamoró del brillo de tus ojos en cada parpadeo. Tal vez, imaginó que la altura de tus zapatos era un escenario, o pensó que escondías algún secreto, que tramabas una ruptura, o que planeabas un viaje al fin del mundo.
No es del todo absurdo pensar que puedas ser un personaje. El escritor necesita de una realidad como tú para poder crear, para poder imaginar.
Nunca lo pensaste, ¿verdad? Tal vez, ahora, tu esencia esté encerrada en un libro, por siempre y para siempre».

firma Irene

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s