Deberíamos dar las gracias más a menudo. El factor humano…

¿Cuándo fue la última vez que dijiste gracias, pero de verdad, de corazón? Yo, mismamente, ayer en mis redes sociales. Y es que dar las gracias es muy sencillo, se trata de una palabra de siete letras, ¡nada más! ¿Por qué no lo decimos más a menudo? La respuesta es muy simple: la humildad nunca está de moda, por desgracia.

El martes, el 17 de abril, publiqué mi última novela, Malditas las rosas. Elegí ese día adrede porque el 17 de abril del año pasado me lancé a la autopublicación, con El susurro de la acuarela. Te prometo que me parece que ha transcurrido una eternidad desde entonces… Quizá sea porque el mundo online en el que vivimos innova a diario y, como no progreses, te estancas, todo evoluciona y a tal velocidad que me da hasta miedo. No obstante, hay una parte de este mundo online que jamás cambia, y que muchas veces olvidamos: el factor humano.

Las personas estamos formadas por cuerpo y alma, por razón y corazón, por físico y emoción, por lo que se ve a simple vista y lo que no se ve, pero se siente. Los que me conocen lo saben: yo siempre he sido más de corazón que de razón. Esto me ha perjudicado en ocasiones, hasta el punto de llevarme tantos palos en la vida que llegó un momento en el que dejé de creer en mí misma, me sentí un bicho raro durante demasiado tiempo. Y así, con esa manera de pensar y de sentir, fue como empecé a autopublicar.

Era un pececito tan diminuto en el océano del libro y su mundo online, que estaba muy perdida, pero mucho. No sabía qué contar en las redes sociales, ni cuántas veces a la semana debía subir una foto y un texto; de hecho, confieso que no me gustaban las redes sociales, estaba a punto de darme de baja en Facebook. Ni siquiera sabía si debía presentarme diciendo: Hola, encantada de conoceros, soy escritora romántica, algo así como si rogaras: ¿te importaría ser mi amiga, si no es mucho pedir?, ¿te importaría darme una oportunidad de conocerme? Suena un poco patético, pero lo cierto es que es la verdad.

Siempre he considerado a los escritores como dioses (y aún lo sigo haciendo). Sí, dioses, como cuando eres adolescente y chillas de la emoción al comprarte la entrada del concierto de tu cantante favorito. Exactamente así. Y, claro, esto intimida… Me aconsejaron que fuera poco a poco creando amigos y seguidores, (escritores, lectores y bloggers, en especial del género romántico por ser el género que escribo), que utilizara más de una red social, que cambiara mi cuenta de Facebook de personal a profesional, que me moviera en el mundo online porque ahora todo va así… Me parecía tan impersonal, obvio por ignorancia, que “me obligué” a hacerlo porque creía que era la única forma de vender libros, sin saber todo lo bueno que guarda este mundo y que sigo descubriendo. Y mi problema es que empecé por el tejado, lo hice todo al revés: primero autopubliqué El susurro de la acuarela; luego, creé una cuenta de Instagram; después, cambié mi cuenta de Facebook y, por último, empecé a interactuar. Ya lo he dicho varias veces, soy muy tímida, así que imagínate lo difícil que me resultó hacer todo esto…

Al principio, recuerdo que, por vergüenza, solo daba a “me gusta” o “me encanta” en las publicaciones que de verdad me gustaban o me encantaban, no comentaba ni opinaba de nada, y subía una foto semanal sobre mi novela, la publicitaba. Así fueron pasando las semanas, continuaba en mi burbuja de la timidez, hasta que un día, tres meses más tarde, sin pensar, le escribí un “enhorabuena” a una autora que había enseñado la portada de su próxima novela, sinceramente, me encantó la portada y se lo dije. ¿Os cuento un secreto? Es muy sencillo felicitar los logros ajenos. Algunos no queréis oír esto, pero, sí, es muy sencillo, tan sencillo como dar las gracias…

Y, a partir de ahí, todo empezó a rodar por sí solo: comencé a integrarme, a intercambiar opiniones, a felicitar a autores y a bloggers, a compartir sus publicaciones, a valorar públicamente a los lectores, a conocer que más allá de los escritores también hay lectores y bloggers que de verdad merecen la pena… Comencé a sentirme parte de algo; quizá, esto se debía a que solo a una persona de mi entorno le gustaba la novela romántica, y, de repente, poder hablar con escritores y con lectores del mundo romántico llenó ese vacío que escondía en mi interior. Y me di cuenta de que me hacía feliz desear lo mejor a otras personas, aunque no las conociera, pero me arrancaba sonrisas, porque lo bonito te hace sonreír: una canción, un libro, una película, un abrazo, un halago, un gracias

Poco a poco, tomé confianza con algunos y esa confianza, hoy, puedo llamarla cariño, y sé que es recíproco; esto se nota, como también se nota cuando no hay feeling con alguien. Lo malo está presente. Escuché rumores de que había muchas envidias, pisoteos y falsedades en este mundo. Lo he vivido en primera persona y sé que continuaré viviendo esta maldad porque la maldad nunca desaparecerá, pero ¿sabes qué? Que, después de este primer año vivido, me quedo con lo bueno y destierro lo malo, y valoro lo bueno todavía más que antes, valoro el factor humano de esas maravillosas personas que he conocido y que me encantaría seguir conociendo, a veteranos y a novatos, como yo, los que ya están en mi vida, los que no me abandonan, los que me animan, los que me apoyan, los que leen conmigo, los que escriben, como yo, los que les importa mi opinión, los que me respetan, los que me consideran una más, los que cuenta conmigo, y los que están por llegar.

Y no solo apoyo por las redes sociales, sino que también compro libros y reseño los que me han gustado porque quiero hacerlo, nadie me obliga, nadie me regala, como tampoco se me ocurre pedir ningún libro gratis a nadie. Yo también soy escritora y sé lo que cuesta publicar un libro, económica y personalmente. Y seguiré apoyando a mis compañeros, primero, porque leer es parte de mí y, segundo, porque sé lo que se siente en los dos lados, sé qué es ser lector y sé qué es ser escritor. Nunca me oirás juzgar un libro que no me haya gustado, porque para gustos, colores, y porque sé cuánto trabajo hay detrás de esas páginas; como tampoco seré quien no recomiende dicho libro, porque a mí no me gustaría que me lo hicieran. ¿A que esto también es muy sencillo? Tan sencillo como dar las gracias…

Una editora me dijo una vez que los escritores, y digo escritores porque es mi caso, antes que nada somos personas y que esto debo tenerlo siempre presente, tanto hacia mí como hacia los demás, y que nunca me olvide de esto. Bueno, estoy totalmente de acuerdo y, por ello, es necesario ser compañero y dar las gracias a quien tienes al lado, porque tú eres como él/ella, o lo fuiste, o lo serás. Porque el mundo lo hacen millones de personas, no una sola. Porque las cosas se cuidan y se alimentan. Y porque las personas son razón, pero, también, son corazón.

Hay una canción de Bruno Mars que me encanta y que dice: puedes contar conmigo, yo estaré allí; y sé que, cuando lo necesite, podré contar contigo. Todos somos humanos, nos equivocamos, tropezamos, confiamos en personas equivocadas, sufrimos, nos cuesta hallar nuestro lugar, nos perdemos en el camino, y nos gusta que nos halaguen, que nos ayuden y que nos reconozcan nuestro esfuerzo… Todos somos iguales. Conmigo se puede contar, ¿y contigo?

Gracias… a todos… y por todo…

gracias

firma Sofía

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