Soy natural. Soy mujer

Nada más despertarme, lo primero que hago es mirarme en el espejo del baño y horrorizarme con la imagen que me ofrece, pero horrorizarme, en serio, cada día, no fallo uno solo: expresión de mala leche, cansancio, granos y poros al descubierto, ojeras monumentales, huellas de la sábana, pelos de leona y enredados… Y, por supuesto, mi enfado aumenta al verme tan fea, ¡tan horrible! Quiero seguir durmiendo, creo que en otra vida fui una marmota porque me encanta dormir y he dormido mucho. No obstante, desde que me convertí en mamá hace casi dos años, no he vuelto a dormir de un tirón, tampoco más de seis horas; de hecho, si duermo seis horas es que estoy completamente muerta. Muchos pensaréis que es por mi hija. Pues no, lamento deciros que tengo la infinita suerte de que la nena, desde que tenía siete días de vida, ha dormido sus diez o doce horas seguidas, aunque ahora sí está dando alguna noche mala, pero no me quejo, es lo que yo he elegido y no me arrepiento, ni siquiera en los peores momentos.

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Era un desastre: vivía de noche, dormía de día, comía por la tarde, si es que comía, cenaba de madrugada, escribía cada minuto que estaba despierta y hasta soñaba con mis personajes. Me levantaba y no me miraba al espejo, iba rauda y veloz al ordenador. Terminaba un libro y empezaba otro, ya fuera escrito o leído. Era mi marido quien hacía la compra, quien cocinaba, quien limpiaba la casa… Yo colaboraba, pero lo hacía poco cuando estaba enfrascada en una nueva historia. Y cuando me llamaban mis padres al móvil a las doce de la mañana, tendríais que haberme visto dar un grito en la habitación para que se me aclarase la voz antes de contestar y así no les pareciera que me acababa de levantar, o que continuaba en la cama… Por supuesto, hay cosas que los padres saben por mediación divina y esta es una de esas cosas, ¿a que sí, mamá?, ¿a que sí, papá? El caso es que me encantaba mi vida, me encantaba ser un desastre. Siempre he pensado que los escritores tenemos un toque de locura, de caos, precisamente porque nuestra imaginación va más allá de la realidad y eso sale de la lógica, de la cordura.

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Después de tres años llevando una vida del revés, como la llamaba mi marido, me quedé embarazada. De repente, la inspiración tan maravillosa que llevaba acompañándome treinta y seis meses seguidos se dormía de la misma manera que me dormía yo por los rincones. En mi primer trimestre, recuerdo tumbarme en el sofá para ver la tele y a los dos minutos ya estaba dormida, daba igual que fuera por la mañana, por la tarde o por la noche, simplemente me dormía, y ni siquiera lo veía venir. Fue un embarazo increíble: cero náuseas, poca tripa (empezó a crecerme a los cinco meses exactos) y comía de todo, aunque me dio por la cuchara, por las pizzas y por los canutos de chocolate, ¡qué ricos, por Dios! Pues en esos nueve meses escribí una novela y la mitad de otra.

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La vida te cambia con un bebé, te cambia el cuerpo físico, te cambia la mente, te cambian las prioridades, te cambian hasta los gustos… Evolucionas. Los primeros seis meses de mi hija los dediqué por enteros a ella, lo necesitaba, ella me necesitaba y yo la necesitaba a ella. En esos seis meses no escribí nada, pero leí todas mis novelas que ya tenía terminadas, aunque sin corregir. Y llegó el agobio, los dolores de cabeza y los ataques de ansiedad… ¿Para qué quería yo esas novelas?, ¿para guardarlas en el ordenador? ¿Y mi hija?, ¿qué pensaría el día de mañana de mí, de que escribía, escribía y escribía y ahí se quedaba todo? Son buenas novelas, son historias preciosas, sé que está mal que yo diga esto, pero os voy a contar algo: soy muy insegura con todo menos con mis novelas. Necesitan su corrección, necesitan prepararse para echar a volar, pero son buenas, ¿y sabéis por qué lo sé? Porque están escritas con sudor, sangre y lágrimas. Hay mucho detrás de todas esas palabras, no ha sido un camino de rosas, ha sido un sacrificio constante, tanto en mi vida como escritora como en mi vida personal. Solo por eso, esas historias merecen la pena, merecen ser mostradas, merecen ser leídas, merecen conocer mundo, merecen volar.

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Mi amiga Irene me propuso montar una web: Cultura-te. Y mi amiga Beka, también en ese momento tan malo, me propuso autopublicar mis novelas en Amazon. De repente, tenía un futuro y fui a por él. Desde entonces, no ha habido un solo día en el que haya descansado más de seis horas. Desde entonces, me miro al espejo cada mañana y me horrorizo de lo fea que soy, pero, ¿sabéis qué? Que mis granos, mis poros, mis ojeras monumentales, mi expresión de mala leche y mis pelos de leona me recuerdan día tras día que estoy luchando por un futuro para mi hija, luchando por un presente que me encanta, porque amo lo que hago.

Soy mamá, escribo novelas románticas, maqueto, diseño y escribo reflexiones y reseñas para Cultura-te, soy una autora autopublicada, lo que significa que tengo que moverme yo solita para vender mis libros sin ayuda de nadie, también soy ama de casa y, lo más importante, soy mujer, aunque a veces se me olvide dedicarme cinco minutos a mí, a mimarme. Me acuesto todos los días a las tres o a las cuatro de la madrugada porque necesito aprovechar que mi hija duerme para poder hacer mis cosas, ya sea la web o mis novelas, y a las nueve ya estoy en pie y lista para enfrentar una nueva jornada con mi hija, ¡las dos juntas luchando para crear un mundo mejor!

Ser tu propia jefa y encima trabajar desde casa se resume a no tener vida si no te planificas el tiempo. Mi desastre anterior se ha convertido en una vida de planes y, a pesar de organizarme, estoy agotada, os prometo que a veces me colocaría pinzas en los párpados para mantener los ojos abiertos, pero no me importa, ¿y sabéis cuándo me doy cuenta de que no me importa? Cuando me horrorizo al mirarme cada día en el espejo.

¡No soy fea, joder! Soy natural. Soy mujer. Y me encanta serlo.

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firma Sofía

2 comentarios sobre “Soy natural. Soy mujer

  1. Bienvenida al mundo de las madres. Ya sabes que yo no escribo pero, eso mismo nos ha pasado a todas las primerizas. Yo me olvide de ser yo. De ser mujer. De ser la mujer y compañera de. Solo era madre. Hasta que me dieron un toque de atencion. A dia de hoy soy madre pero tambien mujer y compañera de. Y lo mas importante, volvi a ser yo.

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